RESEÑA DE LA NOVELA “UNA VIEJA CÁMARA” de CRISTINA GRACIA TENAS. Ed, TERRA IGNOTA. Noviembre de 2021.

Un comentario

SINOPSIS: Después de sufrir durante años el maltrato de su marido ha tomado, por fin, la decisión: Mar huye de su hogar. Es una mujer joven y preparada. Sin embargo, ha seguido el mismo patrón que su madre años atrás. Abandona su vida y coge un tren dirección a París. Será un viaje largo y de noche. Sabe que no podrá dormir. No le importa, necesita tiempo para pensar. Durante el trayecto su mente volverá a la infancia. Recordará los años tan horribles que vivió con sus padres. Las borracheras de él, los moratones de ella…Con su vieja cámara Polaroid entre sus manos, recordará la ilusión cuando se la regalaron aquel año, en el día de Reyes. Pero, sobre todo, rememorará las fotos que le hacía a su madre a escondidas y tras las cuales descubrió, aun siendo niña, cuya madre era una mujer muy desgraciada. Pensará en la huida de ambas, muchos años antes, y en las penurias que sufrieron debido a las dificultades que tuvo su madre para encontrar un trabajo al no tener el permiso marital. Al llegar a París se reunirá con su amiga Natalia. Junto a ella y su pareja, iniciará una nueva vida. Sorpresas e ilusiones renovadas. Volverá a tener esperanza, algo que su marido, poco a poco, había extirpado de su mente.

La segunda novela de Cristina Gracia Tenas —la primera se ha reeditado en Terra Ignota ediciones, “Así lo viví, así os lo cuento”— supone un cambio de registro en cuanto a la temática que, aunque también tiene como protagonistas a mujeres, aborda el maltrato a las mujeres en una sociedad que las ha cosificado y ninguneado. Podríamos decir, en cierto sentido, si leemos la sinopsis que la cuestión es la denominada violencia de género, sin embargo, mi percepción al leerla es que la autora, sin explicitarlo, expone las consecuencias de una sociedad patriarcal de la que muchos hombres se aprovecharon, y aún lo hacen, y otros se oponen sin reticencias a esa exclusión y servitud que ha padecido la mujer durante la historia —los personajes de Andreu y Mathieu son una muestra de ello—.

Con un narrador omnisciente, la autora logra generar la percepción en el lector de que está narrando hechos, y que no hay por tanto juicio o valoración al respecto de estos sucesos. De alguna manera como si lo que va aconteciendo en la narración hablara por sí mismo, y generara esa constatación de las injusticias a las que han estado sometidas las mujeres —por ejemplo, el permiso marital necesario para trabajar, abrir una cuenta bancaria, como si el marido poseyera la tutela de la esposa—.

Partiendo del presente y oscilando de un capítulo a otro Cristina Gracia muestra además cómo las actitudes y conductas aprendidas en el seno familiar tienden a reproducirse en la propia vida, por mucho que racionalmente viéramos el pasado como algo intolerable, tendemos a reproducirlo en nuestro presente, bajo formas de racionalización que lo justifican. Aparecen, en este sentido, tres generaciones de mujeres maltratadas que han mimetizado el modelo familiar anterior.

Escrita con un lenguaje sencillo que contribuyen a perfilar los personajes en su carácter y su contexto, cuidando los detalles en la descripción de lugares, el arte de fotografiar y sus aspectos técnicos, la lectura consiste en deslizarse por las líneas escritas con agilidad y un interés que se sostiene del principio al final, con lo que dificulta posponer la lectura cuando te sientes en ese fluir que atrapa, y casi te sientes tú como agente de la historia.

Entiendo que lo narrado en la novela puede inducirnos a pensar a muchas mujeres en qué nos estamos dejando atrapar nosotras ahora, qué tipo de justificaciones utilizamos para mantener roles de género que implican una desigualdad y una carga excesiva para la mujer hoy.

Haciendo justicia, a lo que entiendo que es la voluntad de la autora, todos conjuntamente mujeres y hombres debemos luchar por reconducir el lugar de cada género, interactuando, compartiendo y sintiéndonos todos resultado de un pasado peor que tiende a mejorar, y que puede continuar en este proceso si tomamos conciencia como personas —al margen de maniqueísmos de género— y asumimos la responsabilidad actual y contribuimos a educar a las generaciones futuras en esa prevalencia de la persona con respecto al género.

Por destacar uno de las muchas virtudes de la autora es que logra plasmar historias muy próximas al lector, en las que cualquiera puede releer y, por ende, reescribir una parte de su vida. Sin ornamentos innecesarios que no reflejarían a la gente corriente que protagoniza sus novelas y sus relatos. Es, por decirlo de alguna forma, una escritora de lo nuclear de lo cotidiano.

Una novedad editorial reciente en el panorama literario a tener en consideración para próximas lecturas, porque de lo cotidiano se extraen las lecciones más útiles para la existencia. Enhorabuena a Cristina Gracia Tenas por esta trama trazada con la sustancia que no todas las novelas poseen, sobre todo, si no nos detenemos a pensar y leer entre líneas.

Para obtener un ejemplar:

SI QUERÉIS UN EJEMPLAR FIRMADO POR LA AUTORA DIRIGIROS A https://www.facebook.com/cristina.graciatenas

O, si no, a la web de la editorial.

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