¿Sociedades desquiciadas o quirúrgicamente manipuladas?

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En las sociedades actuales confluyen una amalgama de sucesos que aparentemente no tienen ninguna conexión. Grupúsculos que reivindican sus derechos, algunos más numerosos y con más capacidad de que su voz se escuche; otros que claman en el desierto, y el más numeroso -quizás- por el que casi nadie alza la voz. Este último tiene otras formas de mostrarse cuando la desesperación y la rabia lo desborda, pero no poseen la capacidad de organizarse y reivindicar sus derechos, quizás porque están acostumbrados al sálvese quien pueda, y desconfían que su situación pueda cambiar nunca.

Todo se nos presenta, y aquí los medios de comunicación con sus servilismos a intereses partidistas y financieros, como deslavazado y caótico. La primera pantalla es siempre negativa, nutre la desesperanza y nos induce a no mirar para no ver, precisamente esa visión del mundo catastrófica velando cuanto pueda haber de relevante, benéfico y luminoso en el mundo. La información que se nos brinda es siempre sesgada, filtrada y maniquea.

Sin embargo, hay un logos, como ya percibió Heráclito, que ante este fluir continuo y sin sentido, constituye la razón por la cual el mundo se nos muestra de la manera en la que los medios, con gran influencia también de las redes sociales y las grandes empresas que dominan las nuevas tecnologías del mundo virtual, lo hacen. Aún hay más, ese logos invisibilizado intencionadamente no solo da cuenta de por qué nos presentan el mundo como lo hacen, sino del porqué el mundo funciona en la manera oculta que es difícil ver.

Es cierto que ante sociedades tan complejas la dificultad de indagar y entender es una ardua tarea -ese es también uno de los propósitos de los que se enriquecen a costa de la ignorancia de muchos-. No obstante, el quiz de la cuestión resida tal vez en apercibirnos del ruido que pueda ser asemejado y rebuscar qué elementos comunes subyacen a tal enjambre de diversidad y atomización que nos aturde. Una pregunta que puede ser relevante es ¿a quién beneficia que determinadas demandas sean escuchadas y aparentemente satisfechas? ¿a quién beneficia el ninguneo y la invisibilidad de determinados colectivos? Teniendo en cuenta que la mayoría de los políticos dejaron las cuestiones éticas atrás, cuando se apercibieron de que la política, de facto, no va de eso, deberíamos poder hacer público en qué consiste hacer política hoy, en el S.XXI. Nos referimos a los altos cargos políticos, a los que por procedimiento democrático hemos elegido para que nos representen. Deteniéndonos aquí brevemente, sorprende que lo que ellos muestran, los políticos de élite, sobre sí mismos es que la política consiste en una confrontación sin salida, un intercambio de improperios y una búsqueda de las corrupciones ajenas, muy pocas veces, siendo benévolos, versa sobre la cosa pública y el bien común. Al menos públicamente, ya que lo que sucede en los despachos lo desconocemos y por alguna razón será. ¿Por qué los mismos políticos visibilizan esta dinámica como si fuese lo único de lo que se ocupan? De entrada, podríamos apercibirnos que no hay mejor estrategia para sembrar la desidia, la desesperanza y desmovilizar a los ciudadanos que se van sintiendo impotentes ante una representación kafkiana. ¿Quién votará ante este panorama? Los afiliados de los partidos, con militancia y fidelidad, y los ciudadanos buscando, por miedo, siempre el mal menor. Por eso los programas o proyectos políticos no tienen relevancia en las campañas electorales. Han pasado a ser luchas de marketing.

Si la política en una democracia ha alcanzado este desprestigio, y después de años descartamos que sea algo casual, debemos plantearnos qué conexión existe entre esa amalgama caótica social y unas instituciones políticas que no se ocupan de la sociedad, o al menos solo de algunos sectores determinados. ¿A qué señor sirven todos? ¿Cuál es ese logos oculto capaz de dar cuenta de lo que realmente está aconteciendo?

No descubrimos ninguna novedad si enunciamos que la lógica de cuanto ocurre es el capitalismo, financiero y tecnocrático que deja hacer a los sectores diversos, que antes de perjudicar sus intereses, sin darse cuenta, están a su merced al estimular las lógicas del mercado, de nuevas demandas para nuevas necesidades. Solo desde este paradigma en el que el referente privilegiado, de facto, es el sistema capitalista con sus nuevas formas de operar, podemos conseguir hilar y entender el caos social y negativo que es lo único que se muestra a la ciudadanía.

El logos al que hacíamos referencia desde el inicio nos permite aprehender que los excluido no es arbitrario, que los grupos minoritarios más numerosos como son aquellos que se encuentran en el umbral de la pobreza o de pleno en ella, están recluidos en zonas que acaban constituyendo casi guetos -cada vez con más claridad-, silenciados, acallados con parches que los inmovilizan y les permiten sobrevivir gracias al trabajo en negro, u otras prácticas ilegales. Y, como la contrapartida a esto para estos grupos consiste en ser despojados de todo, se las apañan para desarrollar artimañas para desenvolverse en este sistema injusto. Hay una minoría que no consiguiendo ni eso, muere en la miseria y el ostracismo.

Y, los más preocupante, es que desde la política se ha conseguido desactivar reivindicaciones estructurales, que atañan al corazón del sistema y deje de dar por descontado que siempre habrá pobres; prescindiendo, absolutamente, de cuanto va aumentando ese mal menor, que empieza a convertirse en un mal mayor, porque está disolviendo lo que eran clases medias a las que muchos aspiraban a pertenecer y se están polarizando las sociedades entre los más pudientes y los que no pueden, pero incluso consumen lo que no pueden permitirse, para soportar el hoy, mañana ya se verá.

Este no es más que un guion de un análisis en profundidad que urge hacer desmenuzadamente, apoyándose en datos más que en la intuición, para corroborar hipótesis que aquí se aventuran pero no frívolamente, sino tras la constatación de que el mundo es lo que se nos muestra, y a partir de ahí actuamos; pero, y esto es fundamental, no parece que se nos muestre lo que auténticamente es el mundo, de ahí la necesidad de identificar ese logos explicativo que nos permita entender mucho mejor dónde estamos, y analizar hacia dónde deberíamos dirigirnos, y podemos anticipar que lo ético debe tener un lugar privilegiado en lo político.

Plural: 2 comentarios en “¿Sociedades desquiciadas o quirúrgicamente manipuladas?”

  1. Reblogueó esto en Andando tras tu encuentro…y comentado:
    Muchas gracias a Ana Lacalle por su BLOG FILOSOFÍA DEL RECONOCIMIENTO. BRILLANTE ENTRADA!! Hace décadas un profesor de filosofía nos decía en su cátedra, que supiéramos leer en aquellos años los periódicos: tanto las páginas impares como «las entrelíneas», donde se escondía el verdadero sentido del mensaje. Lo que la Sra. Ana Lacalle es TANTO REAL COMO INCISIVO EN LA MANIPULACIÓN QUE EJERCE CUALQUIER MEDIO PARA BRINDAR «BRUMA CONFUSA» a la sociedad; en la que siempre se enriquecen los mismos mientras la pasividad del resto, generara a futuro la disolución de la humanidad. Nuevamente gracias Ana; por tan clara y precisa contribución. AQUEL QUE QUIERA OÍR, QUE OIGA!! Saludos cordiales.

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