Somos olvido.

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Somos olvido y los residuos nebulosamente asentados en la mente. Incapaces de rastrear cuanto hubo en la memoria, creemos que lo que somos nos pertenece, a menudo sin conciencia de los restos que han ido configurando nuestra identidad. Decimos, y suponemos decir lo que pensamos, aunque nunca poseamos la certeza de que ese pensar sea propio.

Antes bien, es razonable sostener que somos el vestigio de los que nos precedieron, y a los que pudimos leer e interiorizar con avidez. Y de ese amasijo ajeno hemos construido nuestros propios relatos —que lo son relativamente— con la convicción de crear nuevas perspectivas sobre nosotros y el mundo.

Mas, ¡qué torpemente podemos atestiguar de dónde proceden algunas de las ideas! Entremezcladas, pensadas en contextos inéditos, se nos antojan nuevas y nos consideramos pioneros de formas que fracturan tradiciones anacrónicas.

Sin embargo, somos olvido de cuanto hemos heredado y aprendido, y lo que resta hoy de nosotros, que tan innovadores nos consideramos, podría ser genealógicamente hallado y cronológicamente ubicado. Cierto es que, de todo lo recibido, como amalgama indefinida, re-creamos originalmente nuestros pensamientos y percepciones sobre nosotros y lo otro, pero también hay que re-conocer lo heredado, sin lo cual no seríamos ni tan siquiera olvido.

Plural: 2 comentarios en “Somos olvido.”

  1. Sí, a estas alturas de la vejez, somos irremisiblemente OLVIDO. Ya lo dejó dicho el Eclesiastés en aquello de «vanidad de vanidades y todo vanidad». Olvido porque es imposible identificar con precisión en nuestra mente que hay de original, único y nuevo. Y olvido porque la muerte arrasa con todo. Sin embargo podemos, como bien dices RE-crear y RE-conocer y entonces nos topamos con el RE-cordar que es a mi juicio el verbo que hace posible el recrear, el reconocer y el reconstruir. Ergo… somo seres de memoria y si no hacemos memoria reconconcienco, recordando, agradeciendo y admirando todo lo que nos han regalo, mal asunto para nuestro desarrollo humano. Y que conste que una cosa es la memorieta esa de una supuesta academia y otra muy diferente esa memoria del pathos que nos hace aprender, soñar y esperar contra toda esperanza. Esta es la razón, creo yo, por la que la Memoria personal, la social, la histórica y la democrática habría que enseñarla y ejercitarla en todos los centros formativos del mundo y es que «somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos». Nada de altares y estatuas para descafeinar el mensaje y el testimonio de los grandes personajes, porque en realidad los grandes personajes están y conviven con nosotros y curiosamente son de lo más sencillos y anónimos. Salud y República,

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