Inmigración y construcción de una comunidad política.

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Todo cuanto hay de relevante en la vida emerge de la experiencia -existencia sentida- a partir de la cual se va enhebrando, como una obra de arte genuina, una manera de entender el mundo.

Esta comprensión es subjetiva e intersubjetiva, es decir, un telar comunitario en el que cada uno ocupa su lugar, aquel que es habitable para él.

Por ello, cuanto se impone desde cualquier jerarquía verticalizada nos resulta extraño, ajeno y nos incomoda. Solo desde la comunidad, allí donde late la vida, puede gestarse un espacio flexible y amplio en el que puedan deslizarse los individuos.

Sin embargo, los tiempos que nos han tocado han impuesto la globalización económica y política que supone homogeneizar a los individuos desde estándares artificiales al servicio de los grandes poderes multinacionales.

Así, se abre una grieta en el seno de las sociedades, ya que esa globalización no aterriza en el lugar relevante en el que se pone el jaque la vida, lo social. Es decir, los movimientos migratorios, que deberían ser un símbolo de esa globalización, aún siendo de una inmensidad única de los países más pobres a los más ricos -durante los imperialismos fue a la inversa, no lo olvidemos- no han hallado en los países receptores esa actitud abierta de acoger y respetar a otro que posee la misma dignidad como humano.

Si asumiéramos que la interdependencia de todos los individuos que conforman una comunidad política -barrios, por ejemplo- es una realidad, repensaríamos, a su vez, cómo lograr una integración de los inmigrantes en la que puedan ser uno más.

No hay ninguna ingenuidad en lo dicho. La integración no depende exclusivamente de quien acoge, sino por supuesto de quien es acogido. En consecuencia, los recién llegados deben entender que no pueden llevar idéntica vida que en sus países de origen y que deben hacer un esfuerzo para que sea posible una convivencia cordial.

Ambos, por lo tanto, deben respetar y sentirse respetados, y hay que buscar ese equilibrio que lo haga posible.

Desde las instituciones políticas se toman medidas con es voluntad; sin embargo, suelen ser ineficaces y desarraigadas a los contextos en los que se aplican. Seguramente uno de los factores es que quienes las deciden desde los gobiernos, son individuos que no habitan en barrios con altos niveles de inmigración y desconocen los choques culturales que el intento de convivencia puede ocasionar. En este sentido, hay que dar cabida, porque es lo más democrático y realista, a individuos de la comunidad que acoge junto con otros de la diversidad de culturas que conviven. Eh hecho de dar cabida significa que sea una representación de la comunidad plural la que analice, valore y llegue a consensos que construyan progresivamente una comunidad de iguales -desde lo diferente-.

Por ello indicábamos, desde el principio, que lo relevante es lo que emerge desde la experiencia de los individuos y desde ahí puede construirse una unidad en común, o sea una comunidad que acoja la diversidad como una riqueza. Así, sin democracia social la gestión de la vida es inviable, sobre todo cuando de los acuerdos de los que depende esta no son co-partícipes los individuos directamente implicados.

Plural: 2 comentarios en “Inmigración y construcción de una comunidad política.”

  1. Il y a dans ses situations tous les problèmes de contradictions possibles, car à la base rien n’est naturel, tout est le résultat d’une imposition écononomique. On ne transporte pas ses origines comme on va ses courses. L’hébergeur n’est pas adaptable c’est l’hébergé qui doit s’adapter et cest pratiquement impossible parce que pas normal…

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