Existencia y capitalismo

No hay comentarios

Somos muchos, bastantes o algunos los que afirmamos querer llevar una existencia que no esté del todo constituida por el sistema económico-social capitalista. Es un desiderátum compartido, pero poco realista, sobre todo si analizados sin pudor la forma de vida en la que nos vemos sumergidos, sin ni tan siquiera bracear pata emerger, seguramente porque la consideramos razonablemente emancipadora.

Y aquí nuestro autoengaño que guarda un cierto paralelismo con aquellos que se dicen cristianos. O nuestra manera de vivir en esta amalgama social, incomoda, cuestiona, transforma y nos mantenemos fieles a los que creemos que debería ser, o por el contrario, estamos colaborando en le juego de los paripés, es decir, hagamos como si ya fuese suficiente, aunque estructuralmente no desafíe nada y se convierta en un encubrimiento disimulado, el cual acalla nuestra conciencia porque en comparación con otros hacemos bastante.

Falsas excusas de los grandes impostores. Y no porque nadie pretenda serlo, sino porque es lo único que se puede ser. Estar cómodamente instalados -algunos no tanto- en nuestra revolución de la palabra, de la que el sistema ni se percata. Somos decir, sin posibilidad de actuar de manera radical, o no osamos hacerlo, ante el miedo de quedar reducidos a grupúsculo marginal, denominado inclusive sectario y que, como excepción, nada efectivo conseguiría.

Es de tal intensidad la fuerza centrífuga que nos fagocita, que creemos que sí hacemos algo diferente sin que, de facto, transforme ni un ápice el enorme gigante que es ese sistema político-social-económico.

No es el síndrome del impostor, aquel que se cree engañar cuando no lo hace, sino una característica propia de quienes luchan por transformar la materialidad de lo injusto y desigual, lo que de hecho se da como fenómeno cotidiano y repetitivo, sin que finalmente se logre ni un leve grujido de la estructura que nos configura como sujetos. Somos el fracaso resultante del miedo y de la auténtica convicción.

Acabamos enredados en el trabajo que produce para el consumo y que, posteriormente, nosotros mismos consumiremos para descansar. Somo el mejor aliado del sistema que cuestionamos, precisamente porque la palabra dicha exige acción, y para llevar a cabo esta última se requiere mucha valentía, y habernos desprendido del temor a engrosar la bolsa de marginalidad.

Somos esa promesa que se hace a sabiendas de que no se cumplirá, ya que la promesa misma es inviable, en un contexto en el que predominan los intereses del capitalismo.                                                                                                                    

Deja un comentario