Orgullosa de encontrar un papa mirando un eclipse, solo le faltaría llevar un balón e ir montando en bicicleta.
En Catalunya, al menos, que es el lugar que conozco directamente se está produciendo un fenómeno curioso: la gente se entusiasma con aquello que las autoridades logran que catalice su deseo. Es como un efecto absorbente que provoca que el deseo que palpite en cada uno se oriente hacia un objeto, que en consecuencia desvía cualquier impulso del deseo hacia cuestiones más relevante para la vida de todos, y de las que la política no se ocupa con la responsabilidad que debería.
La televisión catalana, y a través de las redes sociales, desplegó una campaña de las más potentes que he visto con motivo de la visita del papa. Aunque colapsó la ciudad, los ciudadanos se sentían especiales porque ellos podían vivir en primera persona ese acontecimiento. Una idolatría que opera con tal combustión que estoy segura, pocos saben a qué se debió tanto entusiasmó. Por qué gritaban vítores, como si fuesen los campeones del mundo que tuvieron su escenario en Madrid para ser venerados. Ahora no creo que la mayoría de los extasiados recuerde demasiado la figura del papa, ya que es algo ajeno y humano, demasiado humano -solo hay que analizar un poco la Iglesia Católica-.
Ahora, la ocasión ha surgido gracias a un fenómeno natural que se ha encumbrado como si fuese de lo más importantes que a cada uno le va a suceder en la vida. Nos martillea, la Generalitat, con el eclipse de nuestra vida, como si una vida sin eclipse no fuera auténtica. Y, obviamente, se está extrayendo un rédito económico en las zonas donde se observará de forma total, alquilando lugares -no sé si los públicos también venden las entradas- para visualizarlo, algunos ofrecen cena. Yates, barcas, azoteas, terrazas, …y todo lo que no sé.
Ante estos acontecimientos, lo que uno se pregunta es ¿cómo es posible entusiasmar a la gente con algo que les acaba costando carísimo? Y que ni eran creyentes con relación al papa, ni fanáticos de la astronomía. Mientras, el mundo arde en llamas, literalmente por el cambio climático los bosques y pueblos cercanos en Europa están en permanente alerta, de aquí a unos meses estaremos hasta el cuello de lluvias. Y, lo más cruel, las guerras no cesan, sino que se vuelven más cruentas, y el pueblo palestino sigue siendo exterminado por el estado de Israel, que con su posición victimista se cree legitimado “para defenderse” ocupar los países de su alrededor y cometer las atrocidades que, de forma absolutamente repudiable, se cometió anteriormente con ellos.
EE. UU., con un presidente o demente o psicótico, está dispuesto a quedarse tierras que no le pertenecen y amenaza a Canadá, Groenlandia, Cuba, y actúa para repartirse el territorio de Palestina. La cooperación internacional, las reglas del juego de la Carta de Naciones Unidas se ha convertido en papel mojado, al que cada vez se alude con menos convicción, y esto genera una inseguridad que lleva al rearme de muchos países. Y África, los países colonizados de los que muchos europeos extrajeron muchos beneficios están olvidados porque, claro, la “pasta” no da para todo y, ahora, es prioritario rearmarse, disponer de drones y del armamento que las santas nuevas tecnología han posibilitado, con una precisión para eliminar a personas concretas nunca visto.
Podemos seguir yendo del papa al Tour de Francia y al mundial, y no ocuparnos de nada más porque aquí también es difícil la vida, y es cierto. Lo más alarmante es la falta de decisión propia y la facilidad con la que se nos maneja para que nuestra meta sean eventos superficiales que no interfieran en la geopolítica ni de nuestro estado ni, por ende, de ninguno. Que sigan deteniendo a Greta Thunberg, que ya se ha acostumbrado, acusando de traficantes a Open Arms, que también saben que es lo que sucederá, y a tantos otros que luchan pacíficamente en solitario. En fin, que algunos activistas se jueguen el pellejo por todos, aunque ese “todos” sea de una pasividad espeluznante.

Percibo tensión en sus palabras mi estimada filósofa….Sé que es uno de esos días para encerrase en la alacena solicitando abrir cuando haya alguna noticia buena…Lamentablemente podemos quedarnos allí hasta la fecha de caducidad de la latería…Ni modos es el mundo falaz que nos toco vivir…
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Algo escandalizada….
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Totalmente de acuerdo que desde los medios se esta bombardeando con el tema del eclipse y otros más urgentes permanecen en el olvido, y que gracias a ello se «está extrayendo un rédito económico».
Pero desde un punto de vista pragmático y economicista, que la gente se afloje la cartera (la que pueda, otros lo vemos en el parque, que por cierto se ve igual…), puede venir bien a zonas que normalmente no tienen tantos visitantes (particularidad que redunda en su haber EMHO…). Que el firmamento las ponga el mapa es un poco de justicia cósmica. Saludos Ana.
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Sí, la pena es que todo se mercantiliza. Gracias!!!!
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