Acostumbramos a expresar alegría cuando la consecución de otro os parece meritoria. Sin embargo, de esta manifestación suelen pender ciertas reservas: envidia, y por ella menosprecio, formalismos, hipocresías.
Únicamente de quienes brota una jovialidad profunda, y si es profunda es dionisiaca, se manifiesta encarnada en el cuerpo del otro que embriagado de la alegría que recibe baila, baila con unos y otros.
“El sí-mismo escucha siempre y busca siempre: compara, subyuga, conquista, destruye. El sí-mismo domina y es el dominador también del yo…Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido ––llámase sí–– mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo”[1]
Y es el cuerpo, la materialidad de lo real, el que nos lleva al baile, y no solo a solas, sino con unos, con otros y con cuantos auténtica y verazmente se alegran con nosotros. Y lo hacen también en los momentos de dolor y llanto, y en esa mezcolanza de instantes aprendemos quienes son los que están, y quienes están de los que son.
Con estas breves palabras expreso mi amor, admiración y cuanto se pueda decir, y nunca pueda ser dicho, a Pol Ruiz de Gauna de Lacalle, porque ayer fue simbólicamente un gran día para él y para todos los que somos y estamos con él.
[1] “In deinem Leibe wohnt er, dein Leib ist er” (Werke, ZB 300). Así habló Zarathustra, 63. Citado en NIETZSCHE Y LA CONCEPCIÓN DE LA NATURALEZA COMO CUERPO1 Nietzsche and the concept of nature as a Body. Ricardo Espinoza Lolas, Esteban Vargas, Paula Ascorra Costa. https://www.scielo.cl/pdf/alpha/n34/art_07.pdf
