Acostumbramos a expresar alegría cuando la consecución de otro os parece meritoria. Sin embargo, de esta manifestación suelen pender ciertas reservas: envidia, y por ella menosprecio, formalismos, hipocresías. Únicamente de quienes brota una jovialidad profunda, y si es profunda es dionisiaca, se manifiesta encarnada en el cuerpo del otro que embriagado de la alegría que
