¿Será el calor?

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Debe ser que el exceso de calor nubla los circuitos cerebrales y, aunque sentimos que sí tenemos algo que decir, somos incapaces de hallar esos significantes que conjugados digan algo coherente.  El entumecimiento mental genera la sensación de que hay una distancia entre el cerebro y nosotros, como si nos llegara el mundo y no procesáramos nítidamente la afectación que nos produce.

Somos animales bien raros. A mayor estímulo externo -al que por defecto recibimos en cuanto le damos significado- menor capacidad de respuesta por saturación. Y nos quedamos sentados al borde de una pared aislada de piedra, con las piernas liberadas por ambos lados, y la posibilidad de dar fin a esta sensación desagradable de estarnos muriendo, aunque vivamos. Si no podemos elaborar una forma de expresarnos, el ahogo se convierte en asfixia, falta de oxígeno y muerte cerebral.

Seguramente, lo importante no sea el calor, si no la intensidad de lo que recibimos del mundo, esa realidad que nos supera hasta vernos sepultados por un exceso de realidad, no de calor.

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