Si conocer implica aprehender lo esencial de algo, es obvio que la cognición es una quimera en la medida en que la esencia, lo que ese algo es en última instancia no parece posible en un existente sujeto a cambios constantes. Vadeamos tanteando lo incognoscible.
Autor: Ana de Lacalle
Cuando nos interesa nos transformamos en frívolos ingenuos que, pasando como si fuesen charcos, por encima de todas las miserias y tragedias humanas, nos damos una tregua de realidad para celebrar ritos tribales que parecen reconfortarnos. Podemos sorprendernos de la solemnidad de quien no se va de fiesta porque le cuesta olvidar, pero con sano
Irse suavemente como la espuma, sin alteración, ni oposición solo sintiendo la presencia de los que te acompañaron en el tramo más arduo del camino. Un lujo.
¿Por qué los hombres no suelen sentirse agredidos sexualmente por las mujeres? ¿Será porque el acoso les hace sentirse más machos?
Un beso inesperado puede ser un abrazo inmenso o un abuso de un macho –habitualmente- o de una hembra cuyo cerebro se encuentra en una intermitencia animal.
Hay cuentos infantiles, como el Patito Feo, que tienen su enjundia, porque tras décadas de su creación mantiene una actualidad ardiente, diría. Es lo que denominaríamos un clásico, entendiendo que aquello en lo que profundiza es universal e imperecedero. Me sobrevuela el tan debatido problema del acoso escolar o marginación entre infantes y adolescentes. Pero,
Vinimos a la existencia por azar, ya que una cópula algo más tardía hubiera dado al traste con nuestra peculiaridad genética. Somos, en consecuencia, contingentes, aunque lleguemos a convertirnos en seres necesarios para algún otro humano. Y esta naturaleza prescindible es aún más ilustrativa ante el advenimiento de la muerte. Aquello que obtiene existencia por
Hay huidas que no son, tan solo, de uno mismo, sino de aquel otro que hace del yo un ser insostenible.
Las intenciones no son más que idees deseadas, no actos plasmados y constatados, por lo que no se puede forjar una fe inquebrantable, en lianas de deseos indescifrables. Por el contrario, exigir esa confianza es demandar un acto infinito, que lo realiza quien a trompicones perece y fallece mientras vive.
Ayer alguien me dijo que la realidad solo podía escucharse. Me apercibo que estamos demasiado ocupados con las tragedias mundanas para acudir a la ópera cósmica.