Balbuceamos palabras convencidos de la sordera ajena, mas con el corazón palpitando a la espera de un alguien ultra perceptivo. ¿Paradójicos? ¿Fingimiento necesario para soportar el ninguneo? Humanos sobreviviendo en la oscuridad de su trágica soledad. Algunos declaran haber sido transeúntes “sin techo”.
Autor: Ana de Lacalle
Quien duda sobre la veracidad de todo, no es un escéptico sino un rabioso realista.
Los enfermos crónicos, discapacitados, ancianos –e incluso en ocasiones los niños si no fueran vistos como una inversión- son de facto, una lacra social, que ningún gobierno reconocerá por ser políticamente incorrecto. Pero, observando el darwinismo social que de forma más salvaje se aplica en nombre del neocapitalismo: menos impuestos sobre todo para los que
La pérdida de memoria, en toda su extensión, parece vaciarnos de recuerdos que encajados van conformando nuestra identidad. Pero, sorpresivamente, ignorados ya, los hechos por completo, yace en nosotros un sustrato emocional que no se altera y que tiene más relevancia en quiénes somos que los sucesos concretos, porque son el registro vivo que ya
La distancia entre dos puntos es un espacio físico o simbólico, que en este último caso puede resultar insalvable.
Hay un sentimiento de vacío existencial propio del humano que bien podría ser el motor que da cobertura a un sistema económico entregado a llenarnos el tiempo de ocio mediante el consumo de “cosas” que nos alejen de la actividad reflexiva y disuelvan la percepción de ese hueco abisal. Pero, existe paralelamente un sentimiento crónico
Hay transeúntes que pasan por tu vida con la impostura de no serlo.
Si un espejo nos retorna una imagen desagradable cabe la posibilidad de hacerlo añicos; a no ser, claro, que no sea un artefacto de cristal.
Al atardecer, con un cuerpo casi caducado y una mente senil de intensidad vital, no podemos exigir que anochezca para abandonar el mundo de la consciencia. Cabe aceptar que algunos marchen en el instante del día que decidan.
En situaciones límite, el sujeto se mide, se coteja, se pondera; evidentemente, si sale victorioso y a posteriori, hallándose con alguien que se asemeja a él pero no reconoce plenamente, para bien y para mal, aunque siempre en pos del realismo y la humildad.