La naturaleza determina nuestras capacidades. El umbral de estas posee una elasticidad proporcional al esfuerzo con el que las ejercitamos. Al igual que el cuerpo debe entrenarse largo y duro para superarse, la mente no está exenta de este ahínco para crecer. Quien crea que es posible el desarrollo sin sacrificio, no excederá nunca el
Autor: Ana de Lacalle
Entretejiendo tupidos tamices emulamos la consistencia.
Quien se pavonea de sus aptitudes, degrada sus carentes actitudes
Deslizarse desde una suprema altura sin resistencia, abrazando el instante y absorbiendo con el cuerpo el aire que libera. Al límite, entre el hilo sedoso que une ser o no ser, a punto de disipar el dilema hamletiano. O tal vez mostrando su ausencia ya que, finalmente, ser es no ser la condición necesaria, la
La tradición cristiana, ahora también laica, de utilizar a los Reyes Magos de Oriente, que se dice acudieron a adorar y portar regalos a Jesús, como figuras todopoderosas que conceden deseos en relación a la bondad o maldad de los niños, tiene una función simbólica generadora de esperanza y aspiración moral. Años atrás solía
La esperanza no puede ser dinamitada ante la mirada cristalina de un infante. La resistencia de su genuino candor renace con más fortaleza tras cada tropezón. La vida se proyecta entusiasta con poderío hacía el futuro, que se antoja opuesto al presente. No se debe reventar la confianza de un niño. De adultos, cuando se
Desertando de la vida hallaron una existencia plana. Ahora podían renunciar a la existencia. Después, creían que no serían necesarias más fugas. Amén.
Ser incautos nos hace vulnerables al capricho de malas voluntades, que juguetean con su objeto deseado cosificándolo y anulando su dignidad. Así, la mala voluntad deshumaniza al sujeto que la encarna en cuanto solo quiere el mal, y al objeto que será víctima de ese deseo. El argumento es diáfano: los humanos, como seres paradójicos,
Los incendios se propagan arrasando todo a su paso, inclusive los brotes verdes que restan calcinados, imposibilitando la cadena de la vida. Así, se irradia internamente el odio como un fuego rabioso, hasta requemar cualquier atisbo de cese, impidiendo la reconciliación.
A quien sueña le sostiene la esperanza, esa ingenua ilusión de que hay progreso.