Autor: Ana de Lacalle

Docente

Aquellos que reniegan de la educación practicada durante años sin ser capaces de identificar los irrenunciables que contenía y ven en la ”nueva educación” la fórmula mágica esperada, una de dos: o es que nunca han sido docentes y solo teorizan, o es que eran docentes indecentes.

Inútiles o indecentes

Cuando un sistema sanitario cronifica a sus pacientes por su falta de recursos e inoperancia en su gestión, está llamado a una muerte súbita o un colapso que expulse enfermos sin excepción. Mientras en el parlamento, que ha perdido la etimología de su nombre, siguen recibiendo su estipendio por ser la negación de su cometido.

Filosofía incabada y del reconocimiento

La filosofía es, por supuesto, inacabada. Así lo afirma desde una perspectiva, una fragmentación más, la filosofía del reconocimiento que la entiende como un dinamismo de reconocimiento  dialéctico continuo. Marina Garcés dedica un libro[1] a consagrar su convicción de que hoy la filosofía no es un relato lineal ubicado perfectamente en la linealidad de la

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Lo común

Las sociedades que se hacen conscientes de los ejes que vertebran su funcionamiento se hallan en condiciones de modelarlos, matizarlos y reorientarlos. Actualmente, en un mundo apresurado, existen pensadores críticos cuyos diagnósticos nos proporcionan esta privilegiada visión. Por ello, nadie se extraña de discursos que califican nuestra sociedad de líquida, light, heredera de la postmodernidad,

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Sueños y sentidos

Mientras nos adentramos y entregamos a lo onírico nos vemos a veces atrapados por narraciones terroríficas, protagonizadas por personajes anónimos y reales en las que además del contenido explícito, que puede conectar sin demasiada fantasía con la propia vida, nos atenaza la descarga emocional que parece desvelarnos más realidad que la vida  misma. Se precipita

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¿Fidelidad?

No elegimos de quién nos enamoramos porque, ante nuestra propia perplejidad, hay personas que despiertan esa chispa de irracionalidad que diviniza al otro. Nuestro entendimiento decae, nuestra pasión se intensifica. Y ahí nos encontramos, sometidos al embrujo químico de alguien. Pero sí decidimos a quién queremos amar. Obviamente nunca es un acto de pura racionalidad;

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