Las promesas tienden a perder su cariz sagrado en sociedades como la nuestra donde nada es intocable, ni incuestionable. Es más diría que intentar rubricar una pacto como promesa no tiene hoy prácticamente credibilidad ni valor. Las garantías del cumplimiento de la palabra exigen otro tipo de condiciones. Sin embargo me temo que no haya
Categoría: Anagramas
No hay confusión, detecto la determinación de cada cosa. Es estupor, tiznado de espasmos súbitos en los que la mente desdibuja y recupera ideas que no pueden venir de mí –como dijo el padre Descartes- Si no surgen de mí, ¿será que vienen de fuera estimuladas por ráfagas eléctricas de un mundo objetivo? Entonces, mi
Enredados en aguas indómitas y salvajes sienten, mientras luchan, el presagio de que allí donde navegan tampoco habrá lugar, sino mares bravos y desatados que domeñar. Aun así, huyen de tierras áridas y de fuego perdiendo su espacio natal. Vientos voceando ecos, gentes desarropadas por el mar y un frío húmedo calado hasta el tuétano
La beligerancia en la interpelación del otro está motivada, en ocasiones, por la falta de afectación que percibimos, en ese otro-ajeno, a las críticas continuadas- Su impostación, la de un yo habitando una especie de nirvana, parece mostrar una vida por encima del bien y del mal. Esa actitud conlleva una falacia en la que
Quizás porque se nos quedó escaso el ámbito en el que desplegarnos ansiamos derribar los límites para crear nuevos espacios vitales, pues intuimos que los hay; que debe haberlos. Y esta intuición no procede de la nada, sino de la humilde convicción de que no puedo haber agotado, desde mi finitud, todo el ámbito de
La vinculación a las promesas ajenas se nutre de la esperanza, de la creencia de que ese futuro, difuso hoy, es la vida que anhelamos. Las promesas no se sustentan exclusivamente en la voluntad de quien las profiere y en la confianza de quien las acoge, si así fuese serían certezas sobre el devenir que
Las circunstancias, que entretejen el camino al reconocimiento de sí mismo, dificultan el propósito; actúan como zarzas que desgarran la piel, atemorizan y paralizan al sujeto. Así, deslindar lo propio de lo externo –de esa alteridad que no siempre es inocua- deviene un trasiego continuo para no confundir el yo con lo otro. Quizás habituarse
Quien deja el rastro gráfico a través del lenguaje de su devaneo mental pretende que esa pieza –tal cual esta- sea leída autónomamente, sin más datos; como sobre si había entrado ya el calor, llovía o el corazón no bombeaba a buen ritmo, cuando fue creada. De momento, no soy ninguna efeméride, por lo que
Lo sedoso invita a la laxitud, la distensión, la flacidez que no es acedía, como convienen algunos. Es un estar, casi dejando de estar, rumbo al abismo de un oceánico sentir que disgrega la propia miseria en un todo unificador y reparador. Enredarse entre telas sedosas y dormitar es para quien no se droga como
Nadie está consagrado a predicar el dolor como si fuera una forma de vida a practicar. Los que sienten alergia crónica a contenidos de alto voltaje, los menosprecian como desgraciados mediocres a exterminar, casi por riesgo de contagio. Temer a quien reconociendo el dolor le da vida, ante la mirada de los neófitos existenciales, es