Solo queda la muerte para el martirizador cuando no hay perdón posible. ¡No asesinato! Que desplazaría el pecado a la víctima como culpa estéril. Sino que se ajusticie naturalmente, agotando la existencia de quien no deja vivir, para que otros reparen finalmente su dolor.
Categoría: Anagramas
Estos días solemos recuperar cierta candidez e ingenuidad que se evaporan con el final de las fiestas navideñas. Quizás sea una impostación de la hipócrita exigencia religioso-social, o una escenografía ansiada y representada con placer anualmente.
En una chabola, medio derruida, se cobijan una pareja de inmigrantes a punto de ser padres. Esperan el auxilio y la caridad ajena para sobrevivir. Por eso, han colgado un cartel solicitando ayuda. Acuden algunas almas solidarias con presentes que desean compartir, algunos a pie porque son vecinos, otros se desplazan en vehículos porque han
La melancolía es una enredadera agazapada en cada nervio emocional que se esparce como una víbora hasta envenenar el alma entera. De ahí, que sea un estado de tristeza vital que pasa a normalizarse sin que el sujeto pueda ya discernir otra manera de “estar”.
Añadir años a la vida, con plena consciencia de lo acontecido, es una efeméride en la que festejar la resultante, o bien un episodio para seguir ávidos hasta el final. Nunca está de más felicitar la ocasión.
Si la talla moral que exigen las circunstancias siempre nos sobrepasan, quizás nuestra altura sea la de un pigmeo, o por el contrario nos veamos inmersos en circunstancias inhumanas.
Leer un libro con la sensibilidad es una experiencia vital que invita a la reflexión. Automatizar la lectura es, por el contrario, una forma de llenar el tiempo vital que genera el espejismo de la interioridad.
Testigos de cómo la materia que adquirió autoconsciencia se desquició del absurdo de poder pensarse, exigimos la simplicidad de ser materia enloquecida, pero nada más y nada menos.
La realidad posee una elasticidad tan desmesurada, que la ficción es el otro lado de lo que creemos posible; un espacio altamente benigno porque nuestra mente no concibe nuestra capacidad de maldad.
Efímeros efluvios de consuelo alternándose con la mirada cruda del dolor en compañía. Vívida concentración de emociones con una estrella fugaz que pese a lo leve que aparenta ser, deviene el vínculo más certero, porque su fugacidad es internamente eterna.