La incomunicación entre las personas puede producirse por diversos motivos. Creo que el factor común sería la falta de voluntad de que ese contacto se produzca, bien porque interesa mantener vivo un determinado conflicto, bien porque no parece políticamente correcto reconocer la existencia de un enfrentamiento latente, que ya es más que patente. Sobre todo
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Quienes destartalan un discurso forjado con dedicación por otro -el cual solo pretende abrir un diálogo- realizan un gesto de soberbia contra el lenguaje por la impotencia de no saber jugar con las reglas que lo rigen. Bordeando, pues, unos límites que se les tornan incomprensibles, despliegan la osadía de deslizar palabras, reconstruir frases, cambiar
¿Quién dispone de la virtud de saber mostrarse? Las generaciones que se han educado socialmente sin pudor sobre su intimidad, no han trazado líneas entre lo público-privado, lo social-lo íntimo, y esta confusión se extiende a veces entre lo que debe ser celebrado y aquello por lo que debe guardarse luto. Porque si todo lo
En el diálogo que se ha ido estableciendo, a trancas y barrancas, entre la “nueva educación” y, por supuestamente contraria, la educación tradicional –que muy bien no sabemos hasta cuándo se remonta- la crispación ha ido en aumento. Unos porque creen haber descubierto “algo” infalible y otros porque sintiéndose absolutamente cuestionados en lo que hacen,
Al termino verdad, en su uso ordinario, le atribuimos el significado de correspondencia de lo que decimos con lo que ocurre, con los hechos –con la realidad afirmamos sin rigurosidad- Entiendo que es el único uso efectivo que puede dársele en la vida cotidiana, aunque quizás con la conciencia de que no es posible que
Las estrategias de dominación por parte de la autoridad vigente, junto con la tendencia al gregarismo inscrita en la naturaleza humana pueden justificar el sometimiento voluntario de la mayoría de individuos a determinadas formes de vida y prácticas sociales. Existe una voluntad en los sujetos de diluirse en el colectivo, de no ser diferente, de
Quien habiéndose reconocido a sí mismo y a la alteridad como entes en dialéctica continua y reactualizada, no ceja en su actitud de búsqueda. Así se da la posibilidad de que se pregunte por lo no-ente, lo que está más allá de lo existente, de lo determinado. La cuestión es si hay algo que subyace
La realidad[1] se muestra, a veces, excesiva. Como una tragedia descarnada que se hace insoportable, para quien posee una naturaleza escasamente dotada para soportar tanto desgarramiento. Por eso, la imaginación como amiga temerosa nos previene de lo más terrorífico, como por ejemplo que “sea nuestra madre la loca que va por los pasillos blancos con
Hace algunos días una madre valorando el cambio de colegio de su hija afirmó con contundencia: “todo lo nuevo gusta”. La que suscribe el texto, perpleja ante tanta superficialidad y frivolidad, asentí con media sonrisa impostada deseando que desaparecieran de mi vista, porque ya los conocía y en el fondo no me sorprendió su insustancialidad.
Qué pelmazos somos. Regurgitamos cuatro ideas que vamos obsesivamente alternando, como si la mente no tuviera capacidad de digerir más. Será nuestra pobreza cultural –en parte sí- el carrusel monotemático en el que estamos inmersos, el sometimiento social que tan suavemente nos acalla, la fragilidad ante el dolor, el cansancio del esfuerzo. O simplemente plomazos.