Un viandante sin vía no es andante, a lo sumo un individuo que deambula.
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Tras los reproches vertidos se amagan siempre demandas, no explícitas, que anhelábamos fuesen intuidas por aquel a quien atribuimos dejación o desinterés.
Las mentiras traicionan, las verdades horadan
Hay despedidas en las que la puerta debe permanecer cerrada, no sea que alguien vuelva sin avisar, o aún peor retorne quien ya no es quien era.
La arrogancia es, en ocasiones, una actitud de supervivencia de quien se siente fracasado, sin saber que el supuesto fracaso evidencia el auténtico despropósito vital: ser víctima de un relato competitivo falaz.
Quien duda sobre la veracidad de todo, no es un escéptico sino un rabioso realista.
La distancia entre dos puntos es un espacio físico o simbólico, que en este último caso puede resultar insalvable.
Hay transeúntes que pasan por tu vida con la impostura de no serlo.
Si un espejo nos retorna una imagen desagradable cabe la posibilidad de hacerlo añicos; a no ser, claro, que no sea un artefacto de cristal.
Narrar implica siempre un ejercicio de conciencia de lo propio y de lo ajeno, que fluctúa entre el ego y el descentramiento en pro de aprehender algo universal en el emocionario humano.