No hay otra forma de vivir que bajo el influjo de lo que nos sucede. Aceptando esta premisa, ante cada zarpazo debemos llorar hasta secarnos, pero una vez vaciados, solo resta la digna reacción de la lucha, cuya fuerza quizás eleve nuestra voluntad y querer más allá del acontecer.
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En ocasiones, el pasado deviene una sombra difusa de lo que nos ha pertenecido porque la memoria escudriña la forma oportuna de reminiscencia, es decir, qué y cómo recordar para seguir viviendo.
a través de el momento oportuno Clica para leer post febrero 2013
Los que caen en saco roto son como “sísifos” despeñándose eternamente. Ningún esfuerzo, ni gesto, ni amago de resurgir será avistado.
a través de Ser feliz para Schopenhauer Clica para ver post de abril de 2015
El amanecer tan solo atenúa el temblor nocturno que se aloja en el recodo oscuro del alma. No cercena terrores, ni fantasías gestadas basándose en la existencia. Amanece para que nos repongamos, y resistamos el envite venidero.
a través de deber-querer Clica para leer post de junio del 2012
La gestión del tiempo externo es un recurso para estructurar lo incontrolable: el devenir interno de la existencia.
Acaso se atoró el uso metafórico de las palabras ante la contundencia de una realidad sin paliativos.
Estaciones abarrotadas de trenes con destinos diversos y sentidos confusos. Almas ambulantes que dirimen la vía de acceso y la dirección a tomar. Un rumor de voces anónimas, intenso y continuo, que espesa la capacidad de escoger un rumbo, en una estación saturada de todo. Un desatino.