El lenguaje de lo dado, es inapelable; su interpretación elástica como un delirio infinito.
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Quizás cuando la vida es la ironía más cruel, nos apercibimos de nuestra falaz, ínfima e insignificante superioridad ontológica.
La historia es un falso testigo de lo acontecido, porque como relato subjetivo no sitúa a cada uno en su lugar. Solo nos resta esperar pacientes que el tiempo provoque un arrebato de sinceridad y autoreconocimiento honesto, para saber quién fue quién, y a qué vino.
Desnudarse es un acto de intimidad y complicidad con otro, en su doble sentido literal: despojarse del atuendo para desvelarse junto a, y deshacerse de los nudos que nos impiden reconocer la alteridad.
Fluyen resonancias etéreas en un espacio impreciso, un rumor intenso y cansino desplazándose por doquier. Acaso sean efluvios que alojados en la interioridad del sujeto no responden a cuestiones desde parámetros externos. Es el sino del caracol humano.
a través de La Ley -que me a- mordaza Clica para ver post de 2016
Mientras la política sea un espectáculo –o un “sálvame de luxe”- la gestión de lo público, orientada al bien común, será un eco lejano innecesario para mantener el poder.
El hombre que no se halla a sí mismo, gesta sucedáneos que le eximen de la búsqueda.
Lo más valioso que unos padres pueden donar a sus hijos es una vida auténtica, que en consecuencia no culebree angustiada en los últimos instantes sino que se sustancie como una existencia lograda.
El advenimiento de circunstancias esperadas, no necesariamente minimiza el dolor que generan. En ocasiones, el pavor ante su pronta llegada desata reacciones histéricas que hacen del suceso una hipérbole indigesta.