Alcanzada esa edad en que las canas abundan, se establece una distancia con el mundo. Sutiles y poco eficaces agentes de cambio, constatamos lo poco que hemos contribuido para legar un lugar mejor a las generaciones venideras. La fuerza ciega que regula los acontecimientos ha resistido inmutable al esfuerzo de jóvenes que creyeron utópicamente que
Ser madre, no solo es amar irremediablemente, sino recibir el querer más genuino y espontáneo que puede ser entregado. Cierto es que nunca dejamos de ser madres, y por ello debemos asumir que la manera de ser hijos cambia, porque su necesaria y deseable autonomía nos convierte en personas amadas pero prescindibles. Y esto, que
En los aledaños de la insensibilidad se han instalado efigies de mármol, que en su naturaleza de imagen representan el frío cálculo de quienes abordan los asuntos humanos con rigidez normativa. Sin posibilidad, por epidérmicos, de interpretar el espíritu de las leyes –como destacaba Montesquieu- aplicándolas mecánicamente como robots avanzados (¿?). Así, parece que el
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En un mundo deshumanizado, sin horizonte, no caben criterios de decisión, porque donde no hay perspectiva querida no pueden establecerse pautas que orienten en sentido alguno. No se trata en absoluto de imponer ni un fin, ni el medio pertinente; pero sí de consensuar lo humano, lo que humaniza, como objetivo y criterio común.
Escabullirse del bullicio interno, en tanto que despropósito, es como desencarnarse de uno mismo. Lo más semejante a un suicidio vital.
Titubeamos en los juicios de la propia historia, indecisos, confusos; pero cuando los que nos siguen se sienten pletóricos, se extiende un reconocimiento benévolo sobre nuestro hacer, ser y tenacidad en la existencia.
Lo redundante en la escritura es incisivo; en la vida es vicio o estigma fatal.
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