Las pausas que nos concedemos enaltecen la intensidad del vivir.
Quien fantasea sobre virtudes sin poseer ninguna, de hecho, es como quien sermonea con autoridad sobre Dios, del que lo máximo que puede es dudar.
Existen almas tangenciales que se cruzaran en un momento de la vida, sin más, otra paralelas que vivirán sin saberse, y otras proyectivas que, partiendo del mismo punto, se propulsarán manteniendo ese vínculo común que tal vez las mantenga unidas y autónomas.
Quien pregona y no lo hace desérticamente, es un demagogo, no un profeta.
Si conocer implica aprehender lo esencial de algo, es obvio que la cognición es una quimera en la medida en que la esencia, lo que ese algo es en última instancia no parece posible en un existente sujeto a cambios constantes. Vadeamos tanteando lo incognoscible.
Cuando nos interesa nos transformamos en frívolos ingenuos que, pasando como si fuesen charcos, por encima de todas las miserias y tragedias humanas, nos damos una tregua de realidad para celebrar ritos tribales que parecen reconfortarnos. Podemos sorprendernos de la solemnidad de quien no se va de fiesta porque le cuesta olvidar, pero con sano
Irse suavemente como la espuma, sin alteración, ni oposición solo sintiendo la presencia de los que te acompañaron en el tramo más arduo del camino. Un lujo.
¿Por qué los hombres no suelen sentirse agredidos sexualmente por las mujeres? ¿Será porque el acoso les hace sentirse más machos?
Un beso inesperado puede ser un abrazo inmenso o un abuso de un macho –habitualmente- o de una hembra cuyo cerebro se encuentra en una intermitencia animal.
Hay cuentos infantiles, como el Patito Feo, que tienen su enjundia, porque tras décadas de su creación mantiene una actualidad ardiente, diría. Es lo que denominaríamos un clásico, entendiendo que aquello en lo que profundiza es universal e imperecedero. Me sobrevuela el tan debatido problema del acoso escolar o marginación entre infantes y adolescentes. Pero,