¿Puede concebirse la existencia de un Ayuntamiento con cien millones de euros de superávit y cuatrocientas familias viviendo en chabolas, junto a las que lo hacen en pisos al borde del desahucio o en condiciones infrahumanas, que además vocifere como cualquier demagogo la acogida de refugiados cuando no es capaz de rescatar a los ciudadanos
Bruno Bettelheim consiguió iluminarnos con su obra “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”[1] ya en 1975, sobre cómo estos configuraban de forma positiva la personalidad del niño, al ayudarle a afrontar los conflictos internos inconscientes, que sin ningún resorte podrían dañar la salud del futuro adulto. Aunque no siempre la conducta y la identificación del
La osadía de vivir es discreta, el hábito se jacta de no serlo.
No es en vano el esfuerzo de asistir, acompañando de cerca, al ímpetu de crecer de los púberes que, por estar destinados a adolecer, necesitan el apoyo de un adulto cuya veracidad y honestidad oriente los afectos y sensibilidades en pos de lo auténtico.
Si instalados en el silencio, sintiéramos los pálpitos acelerados de quien desconfía, reprocha y exige, deberíamos recurrir a la virtud platónica de la templanza, dejar declamar al otro hasta su extenuación y, ya abatido de su absurdo discurseo, hacer de nuestro silencio un lecho plácido para su descanso. Así, reiteradamente, cada acceso de rabia, celos
Quien no miente, nunca dice la verdad
De niña, me parecía inconcebible que una grafía como la i, cuya naturaleza era llevar un punto, pudiera perder su idiosincrasia para adoptar un acento que no le era propio. Quizás percibía las cosas como entes con una categoría ontológica no menos respetable que la nuestra, y esta equiparación de todo cuanto me rodeaba me
Las precipitaciones de acontecimientos tienen un efecto angustioso sobre el sujeto, que se siente despejando situaciones superpuestas. No cabe la serenidad cuando la reacción se exige inmediata ante hechos amenazantes. En esas situaciones añoramos la capacidad instintiva de la respuesta adecuada, porque la reflexión se colapsa bajo presión y nuestra capacidad resolutiva se va sintiendo
Decir basta implica un antes y un después, entre los que se abre un brecha insondable.
Se despliegan pergaminos repletos de antiquísimos ruegos acaso de naturaleza irresolubles. Y no cabe buscar el quién, ni por qué arroja sobre nuestra corcova tal lastre, sino asumir el legado de romper lo inefable.