El perdón

En la encrucijada en que crujen los caminos solo hay desencuentros lacerantemente agudos, que como diásporas de poros cutáneos se extienden por doquier. Languidecen los gestos, las miradas y se espesa el intento de recomponer lo habido y por haber. Quizás, sí valga la experiencia acumulada de indignaciones, no para reparar -que podría ser-, sino

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