Cuadro: artista plástico y visual Josué M. Lozano, Desidia, no eres banal, Yaces incrustada en mi interior Desde que mi memoria es memoria. No eres banal porque tu presencia no es azarosa Sino el síntoma de un sufrir cansado, ya. Desidia, eres mi tono vital, Esa armonía que invade lo diario Y lo transforma en
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No se puede extirpar la ponzoña interior como si hubiese un lugar que purgar con el fin de exonerar de todo padecer. El desasosiego, la desidia, el abismo son como un sarcoma expandiéndose por doquier, sin freno, con desenfreno cuyo fin es ocupar todo posible espacio. ¿Y qué hacer ante tamaña invasión? Buscar y rebuscar
La burocratización de las instituciones que regulan la vida social se ha tornado asfixiante. Para ser más exactos, parece que pretendan evitar la regulación de cualquier ámbito y que el ciudadano se inhiba de hacer gestión o petición alguna. Si no hay peticiones o demandas no hay nada que regular, ese parece el objetivo subrepticio.
Transcurren los días en una continuidad indiscernible, uno tras otro, y otro, suponemos; porque la planicie del amanecer monocromático nos impide discriminar una jornada de otra, y casi el día de la noche. El acontecer se ha difuminado en nuestras existencias, y ya solo restan sucesos hilados consecutivamente sobre los que caminamos de puntillas, sigilosos
Una habitación, un simulacro de cocina-comedor y un aseo. El silencio deambulando sigiloso, para no desdecirse. Una atmósfera densa y cargada por falta de ventilación, con multitud de ínfimas partículas invisibles hacinadas. Unas cortinas añosas y mugrientas cuya presencia se hace cargante opacando todo haz de luz. Una techumbre ocre, alzada con racanería, y unas
Permanecer sin motivo, es entregarse a la inercia.





