Si como aseguraban los griegos lo Bueno es bello, no cabe maldad en la belleza. Esto nos induce a revisar el concepto de belleza, ya que no podemos estar refiriéndonos a la frivolidad con que la Sociedad actual se sacude el término y nos presenta ese patrón ideal corporeizado, es decir asociado a la materialidad.
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Entre las recurrencias arraigadas en esa nebulosa condición humana, resulta especialmente irritante la tendencia a idealizar, modelizar o establecer paradigmas de todo lo que constituyen nuestros fines. Es decir, inconscientemente pensamos en la amistad como modelo y enjuiciamos nuestras relaciones en función de ese patrón, o por citar otro ejemplo pensamos en el Trabajo según
La deliberación moral nos pone siempre al límite de nosotros mismos, en la medida en que nos obliga a afrontar decisiones controvertidas y que –queramos o no- nos devuelve siempre nuestro rostro en el espejo. No pensemos en “grandes” decisiones morales, en el sentido de que sus consecuencias puedan dar un giro sustancial a nada.
La adulación carece de veracidad ya que la intención es provocar el agrado en el sujeto lisonjeado. No siempre que se produce la sensación por parte de quien lo recibe se ha efectuado realmente un acto de adulación. A menudo los elogios, que son auténticos reconocimientos de los méritos ajenos, son percibidos como un burdo
Ser incautos nos hace vulnerables al capricho de malas voluntades, que juguetean con su objeto deseado cosificándolo y anulando su dignidad. Así, la mala voluntad deshumaniza al sujeto que la encarna en cuanto solo quiere el mal, y al objeto que será víctima de ese deseo. El argumento es diáfano: los humanos, como seres paradójicos,
Si la talla moral que exigen las circunstancias siempre nos sobrepasan, quizás nuestra altura sea la de un pigmeo, o por el contrario nos veamos inmersos en circunstancias inhumanas.
Estos días de compras navideñas, en los que todos acabamos cayendo en un cierto consumo vertiginoso, son un muestrario sociológico a tener en cuenta. Existen, si estamos atentos, distintos tipos de ciudadanos: los que se adentran en los comercios posando su carácter como quien pone sus posaderas encima del mostrador, dejando clarito “aquí estoy yo”;
La realidad posee una elasticidad tan desmesurada, que la ficción es el otro lado de lo que creemos posible; un espacio altamente benigno porque nuestra mente no concibe nuestra capacidad de maldad.
Los derechos humanos son una declaración formal de principios que enmascaran la verdadera voluntad de los que subscriben cínicamente tal engaño. Ni corresponden por naturaleza, como se ha demostrado, ni se otorgan, de facto, por condición civil. Tan solo se vocean en los discursos políticos como maquillaje del benefactor.
Siguen cayendo bombas de fuego, proyectiles y artefactos de muerte en Alepo, indiscriminadamente y sin ningún escrúpulo por los que abanderan el discurso de la verdad y del bien (¿?) La impotencia es bárbara y descomunal es la necesidad de redención de las víctimas inocentes que va adquiriendo el cariz de una nueva venganza ¿será