La duda

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La duda  sobre la veracidad de la interpretación-ideas o relatos- que elaboramos sobre el acontecer se aplica indiscriminadamente. Si no fuera así, el método escéptico de depuración sería inútil porque al no filtrar con el mismo tamiz todo pensamiento, el grado de certeza sería inconmensurable,  y no toda idea estaría sustentada con el mismo rigor.

Cabría discurrir si cualquier idea o relato debe ser exhaustivamente sometida al tribunal de la duda. Aquí, recordaría que si aceptamos que todo cuanto somos capaces de enunciar sobre el acontecer es interpretación, si todo posee el mismo estatus de validez, ¿por qué plantearnos si hay algo que no deba ser estrictamente sometido a la duda? Tal vez la cuestión provenga de prejuicios que nos llevan a creer que hay ámbitos en los que debe prevalecer la confianza y los valores de este tipo en lugar de una cierta rigurosidad que nos sirvan de motivo para confiar, que es, al fin y al cabo lo que obtenemos aplicando el método escéptico de la duda. Nunca certeza, sino siempre confianza para creer más en un relato que en otro.

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