Quien se victimiza puede empoderarse, por la verdad que siente que le avala, y convertirse en juez dictando cómo debe vivir su supuesto verdugo. ¿Y si el daño no fuera más que un delirio de quien confundido yerra el culpable y dinamita lo único veraz que le queda? Compleja concatenación de víctimas y culpables que canaliza turbaciones perniciosas.
