Gesta

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Si la mayor gesta es vivir, debemos considerar la exigencia de tal acontecer y su consecuente distinción con el mero existir. La vida nos sugiere una voluntad de existir con dominio de sí, degustando los detalles del momento, como si troceáramos el vivir para exprimir el jugo de cada fragmento. Con horizonte o sin, vivir el instante como un triunfo sobre el sin sentido; vivir, aun siendo éste mera existencia, elevándolo casi hasta lo deseable por la voluntad de que lo sea.

Así, La voluntad –en su pugna contra la nada- hace del vivir la mayor gesta solo, y solo si, lo transforma en lo deseable.

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