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La manipulación que desvirtúa la supuesta visión objetiva de la realidad, no se basa ya en el uso de metáforas que usamos bajo la exigencia de olvidar que lo son, como denunciaba Nietzsche, sino en que éstas han sido sustituidas por lemas emotivos que ensalzan relatos orientados al corazón, para crear adictos, presos ideológicos incapaces de pensar por sí mismos. Un mecanismo consumista trasladado al ámbito político.