Reparación no es posible sin perdón

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Tras la idea de que es posible la reparación de un daño sufrido, yace la concepción “buenista” de la naturaleza humana, es decir aquella que concibe al humano como bueno por naturaleza. Así, se entiende que quien infringe un mal pueda hacerlo sin mala voluntad, y esta ausencia de intención es lo que hace posible la reparación.

Ahondando en lo expuesto, quien se siente fuertemente dañado por otro y, por ende, oscila entre el dolor y el rencor, solo puede liberarse de ese mal anímico expulsando de sí el rencor y el odio. Pero en la medida en que posee la convicción de que hubo en su agresor intención de hacerle daño, le es imposible concederle un perdón que repararía  el dolor y lo liberaría definitivamente de ese mal añejo. En otros términos cuando ha habido mala voluntad no hay reparación posible porque no tiene cabida el perdón. O ¿es posible perdonar a alguien que no siente ni la conciencia ni la responsabilidad de haber hecho daño? Creo que no es posible el perdón en estas condiciones. Solo si quien ha agraviado reclama perdón la víctima tiene la opción de concederlo y concedérselo. En otras circunstancias ¿cómo podemos perdonar?

Por eso, una gran parte de situaciones de sufrimiento no son reparables, porque el perdón metafísico no libera del daño del mundo físico. La única esperanza que le queda al agraviado es la muerte y desaparición del agresor, cuando eso se produzca por designio natural, nunca como venganza.

No hay lugar propio en el espacio, no hay pertenencia, ni justicia, solo azar que se nos antoja aprovechar o quedarnos reflexionando sobre su naturaleza. Desvelado este misterio actuamos con la premura de atrapar el instante benévolo y estrujar sus posibilidades, en prevención de envites desfavorables que puedan aflorar. Así la vida emula un juego de azar y de rápida estrategia, en el que ganas o pierdes definitivamente.

Tras la idea de que es posible la reparación de un daño sufrido, yace la concepción “buenista” de la naturaleza humana, es decir aquella que concibe al humano como bueno por naturaleza. Así, se entiende que quien infringe un mal pueda hacerlo sin mala voluntad, y esta ausencia de intención es lo que hace posible la reparación.

Ahondando en lo expuesto, quien se siente fuertemente dañado por otro y, por ende, oscila entre el dolor y el rencor, solo puede liberarse de ese mal anímico expulsando de sí el rencor y el odio. Pero en la medida en que posee la convicción de que hubo en su agresor intención de hacerle daño, le es imposible concederle un perdón que repararía  el dolor y lo liberaría definitivamente de ese mal añejo. En otros términos cuando ha habido mala voluntad no hay reparación posible porque no tiene cabida el perdón. O ¿es posible perdonar a alguien que no siente ni la conciencia ni la responsabilidad de haber hecho daño? Creo que no es posible el perdón en estas condiciones. Solo si quien ha agraviado reclama perdón la víctima tiene la opción de concederlo y concedérselo. En otras circunstancias ¿cómo podemos perdonar?

Por eso, una gran parte de situaciones de sufrimiento no son reparables, porque el perdón metafísico no libera del daño del mundo físico. La única esperanza que le queda al agraviado es la muerte y desaparición del agresor, cuando eso se produzca por designio natural, nunca como venganza.

 

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