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Creer que ha de suceder algo favorable y deseado genera un estado de ánimo que denominamos esperanza. Esta funciona como motivo de acción y elude la desidia, ya que está ligada a un sentido que se considera real. Sin nada que esperar se disuelve la razón que nos mueve y restamos individuos ubicados frente al abismo de una existencia sin esperanzas inherentes. ¿Es esto lo que legitima la esperanza? ¿O la esperanza se fundamenta en un algo consistente?

Acaso la esperanza, como estado de ánimo, no sea más que un mecanismo de defensa para lidiar con lo insoportable.