Realistas o esperanzados

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Ser realista, como actitud alternativa a la esperanza, consiste en no desplazar los motivos de la existencia en un porvenir incierto, sino en responder a lo acontecido de la forma más ajustada y benigna posible. Así, el realista no fantasea sobre lo que sucederá o desea que suceda, ya que esa estrategia se convierte a menudo en fuente de frustración si el objetivo es tangible, o en un utópico inalcanzable si la espera atañe a objetos trascendentes.

Vivir sin esperanza,  al contrario delo que pueda significar en algunos contextos, es afrontar la vida sin fantasías que la dulcifiquen, afrontándola cuando se muestra, sea cual sea el esfuerzo que nosotros hayamos puesto en algún quehacer, con la fortaleza que nos da saber que nos pertenece, y que nada, fuera de nosotros mismos, nos exige su mantenimiento.

Es cierto que hay quien puede elegir y opta por la esperanza, las manera de vivir son y deben ser libres y diversas. Pero también lo es, que muchos nacieron sin esperanza y nunca tendrán la opción de plantearse semejante barroquismo existencial. Para esos la vida es una supervivencia sin demora, o una muerte anónima y despreciada.

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