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Risto Mejide siempre me ha parecido el alter ego forjado por un prototipo frívolo de los que también se cultivan en ESADE –todos sufrimos nuestras propias contradicciones- que a fuerza de representarse se ha “con-fundido”.

Alguien que aparenta, por gestualidad hierática, saber con prepotencia y con la estrategia de un decir escueto y devastador.

Alguien que concibe lo profundo con el morbo de desmantelar la intimidad descarnada del otro, con una falsa sensibilidad, porque el que imposta no puede acceder a las llagas vitales.

Un personaje mediático sin fundamento que vagabundea en su interior buscando, supongo y espero, el ego extraviado entre tanto alter, que se ha crecido de narcisismo.