El precio de morir

Un comentario

Ante la muerte, tropezamos con un escollo prosaico y mundano que consiste en cómo sufragar económicamente el entierro.  Los que de ello se preocupan –algunos proceden pensando que ya no será su problema- sabemos que tienen la opción de contratar un seguro funerario –junto al plan de pensiones, el seguro de vida, los seguros del hogar y del coche,…- o bien esperar el momento y dejar la cantidad pertinente para que se proceda al pago.

Por un lado, sobrecoge la idea de vivir en una sociedad que te obliga a pagar hasta para morir con cierta dignidad, porque la alternativa es morir como un animal callejero, casi sin que la muerte sea un acontecimiento, sino un babeo espumoso de un animalucho que se deshecha en un conteiner. Desgraciadamente no hay Leviatán más cruel que aquel que retuerce en vida a sus súbditos hasta hacerlos vomitar la muerte sino les corresponde.

Mientras crea una red  de protección costosa, a base de pólizas “por si”, generando un estado de miedo y precaución que embota al individuo ante posibles  desgracias, sin apercibirse que la mayor amenaza y la única póliza preventiva que necesita es contra la deshumanización y explotación al que le somete el sistema.

Solo querríamos morirnos en la intimidad, para intentar despedirnos en paz.

 

 

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