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El término indigente, etimológicamente, hace referencia al individuo que carece de medios para subsistir-no dispone de empleo, ni casa, ni dinero para cubrir necesidades básicas-En este sentido formaría parte de las bolsas de pobreza ,que aumentan, en los países desarrollados donde se aplican políticas cada vez más nítidamente neoliberales.

El origen de la indigencia es hoy diverso. Ya no procede exclusivamente de familias pobres generacionalmente, sino que en muchos casos su origen son familias procedentes de cualquier otra clase social –agudizado tras la crisis económica – Este fenómeno añade unos rasgos nuevos a la actitud con la que muchos afrontan la indigencia.

Hay quien después de luchar se siente humillado y casi negándoselo a sí mismo acaba  viviendo como un indigente; hay quien se siente cansado de luchar en una carrera sin fondo, donde ya ha perdido la esperanza de poder llegar. Estos últimos individuos,  azotados por una sociedad muy competitiva,  tal vez formados y con estudios, se sienten viviendo una vida que no les pertenece, luchando una batalla en la que tienen que dejar de ser ellos mismos para adecuarse a un sistema que los ha escupido, y que no acaba de aceptarlos.

Hay indigentes que por convicción exponen su indigencia públicamente, con la voluntad de mostrar el sin sentido de la sociedad en que vivimos. “Me habéis excluido, pero tal vez no sea yo quien no sepa vivir; por el contrario, soy  incapaz de vivir esa sombra de vida en la que vais tropezando unos con otros sin, ni tan siquiera,  pararos a charlar”.

Hay indigencias que son huelgas de vida indefinidas.

Para mi amigo, que de mayor quiere ser indigente, ahora está ocupado.