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Platón aseveraba que el hombre sabio –el que sabe vivir- es aquel que se prepara para morir. Esta convicción lleva implícita una creencia de una vida post-terrenal mucho más elevada que la que conocemos. Solo así se justifica que nuestra vida, aquí y ahora, esté orientada al “después”.

No obstante, creo haber observado que la naturaleza, por sí misma, sin más trascendencia que la propia vida biológica, lleva intrínsecos mecanismos psíquicos asociados tal vez a los físicos, que nos van preparando para afrontar el momento de la muerte con dignidad, es decir, como algo natural que va a sucedernos –siempre, claro, hay excepciones-

Podríamos cuestionarnos si lo problemático es, pues, la vida o, siendo más precisos, la muerte. Es obvio que sin vida no habría nada, fuera problema. Pero, no está fuera de dudas que sin muerte la vida dejase de ser problemática, porque una eternidad sin sentido puede ser para desear la muerte. Y aquí aparece la otra cuestión relacionada, ¿nos inquieta la muerte porque tenemos la posibilidad de provocárnosla voluntariamente? y ¿nos hemos quedado sin excusas para soportar una vida que consideramos indigna?

Recopilemos: la vida necesita de un sentido, ante la evidencia de una muerte que la sesga y que nos parece que la volvería inútil y baldía. Ese vacío de sentido vital, que no es fácil de llenar, y el dolor que provoca puede verse amortiguado por la idea de que está en nuestras manos acabar con nuestras vidas.

“Tan solo hay dos tipos de Hombres que suscitan mi admiración: los que pueden volverse locos en cualquier momento y los que son, en cualquier instante, capaces de suicidarse. Tan solo los que están en contacto permanente con las realidades últimas me conmueven realmente” declaraba Cioran. Y esto será, posiblemente, porque quien merodea incansablemente entre la vida, el sentido, la muerte y el abismo, no está haciendo juegos lingüísticos de los que puede zafarse para ir más tarde a ver la televisión.

En consecuencia, y siguiendo al pensador “francés”, los que pueden volverse locos porque lidian con lo fundamental, y los que no habiendo obtenido claridad de ese trato con lo auténticamente importante son capaces de quitarse una vida que encuentran banal.

Sea como sea, frivolidad, la justa para respirar.