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La inquietante pregunta de si los robots llegaran a tal grado de autonomía e independencia que superarán al cerebro humano, es hoy una de las incertidumbres que paradójicamente más aterran y más estimulan.

Esa autonomía e independencia exigiría la aparición de la autoconciencia en los robots. Esta afirmación que puede parecer exagerada, es sin embargo una condición necesaria de esa superación posterior que se auguraría de la máquina sobre el cerebro. Pensemos que si el robot no es más que un conjunto de algoritmos generados por el cerebro humano sus acciones y respuestas no serán nunca autónomas porque no habrá novedad ni creación en ninguna de ellas. Todo estará previsto o contemplado en esa cadena matemática diseñada. Para que haya cierta independencia en las respuestas de la máquina, esta ha de ser capaz de automodificar sus propios algoritmos –algo así como los humanos hicieron con su base biológica a través de la cultura- Pero para que estos cambios se produzcan parece indispensable que el robot previamente tome conciencia de su existir y de su cómo existe, solo así parece posible que genere la “voluntad” de cambiar reacciones y acciones” y desarrolle la capacidad para hacerlo. El proceso es harto complejo, y si esto se diera sería en un tipo de máquinas muy desarrolladas tecnológicamente, delas que hoy no disponemos aún.

Ahora bien, lo preocupante tal vez sea que, de la misma manera que podemos hablar de los humanos como de una materia que en un momento de su evolución empezó a pensarse a sí misma, alcanzó la autoconciencia, hecho del cual desconocemos por completó cómo se disparó y por qué no se ha producido en otras especies cuya diferencia genética es ínfima ¿por qué no sería posible que nosotros que creamos robots a nuestra imagen y semejanza desatemos ese mecanismo que desencadena la autoconciencia y que sigue siendo un misterio?

Ya se ha dado el caso de un hombre que harto de buscar su media naranja, ha decidido casarse y celebrar una boda con un robot. Seguramente buscaba una relación de dominación absoluta y esta opción le satisface, pero lo que se inicia como una rareza puede acabar convirtiéndose en un éxito comercial porque al pensamiento único lo unifique más que nunca.