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Humanos nos vamos haciendo conforme vamos desarrollando nuestro grado de autoconciencia. Uno de los momentos más complejos y difíciles de los que el sujeto tiene pleno conocimiento es la adolescencia.

El término significa adolecer, carecer. Y es que el que adolece, el adolescente, carece de sí mismo y se apercibe de ello, de una identidad que le distinga de lo otro y le permita reconocerse al lado, pero diferente. Para ello las figures parentales  son un referente indispensable, como aquello que deben negar para resurgir siendo lo que son –habiendo integrado lo que de ellos tienen- pero que no pierden, en el fondo, en ese duro camino hacia esa identidad provisional –aunque ellos no lo sepan- que generan a fuerza de tempestades, llantos y huracanes internos.

El problema de los adolescentes es no disponer de figures parentales de referencia. Cuando estas no han asumido el rol que les corresponde como Fuentes de amor incondicional, de Seguridad y de autoridad –es decir de límites y autocontrol- los chicos-as no tienen en su carecer de identidad ningún modelo interiorizado al que enfrentarse o negar para poder desde esa oposición e integración posterior construir algo, un sí mismo. Este vacío de modelos y referentes es muy dañino para el desarrollo de los adolescentes que o buscan ídolos a los que imitar y de los que nutrirse o se ven abocados a una nada existencial que llenan en ocasiones con el consumo de sustancias que les permitan “viajar” a mundos mejores.

Para entendernos, nadie puede construir su identidad desde la nada, y más un chaval que ensaya por primera vez el reto de la vida. Por eso necesita un referente significativo en su desarrollo emocional desde el que pueda partir, necesariamente diría yo, negándolo para autoafirmarse y separarse de las figuras de apego. Ese será un primer paso que le dará confianza, reforzará la alianza con las figuras parentales, porque si se gestiona bien podrá experimentarlas como incondicionales. Pero si lo que tenemos son adolescentes huérfanos de referentes, porque los padres han dimitido, la escuela es la zona de confort, continuidad del regazo parental, donde no se exige para que vayan contentos ¿A qué va a enfrentarse para edificarse a sí mismo alguien que de hecho está hueco porque aún no tiene sustancia propia? En estas circunstancias, solo resta ser siempre Peter Pan.