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Recubrirse las costras húmedas con una apariencia de normalidad es una exigencia de integración social, ya que la sociedad no acepta víctimas para que muestren sus secuelas sino para que las oculten. Es algo así como la historia del hombre epidérmico -de este blog  en categoría relatos- que llegó a la conclusión de que el hombre vive la ilusión, de que si margina, niega y oculta  las evidencias del dolor, está eludiendo el mal.

En efecto, la sociedad no integra víctimas que se muestren como tales, sino individuos que muestren su valía y poderío –sabiendo guardarse para sí la escabrosa vida que haya padecido- Por eso muchos guardan un secreto, el secreto de su verdadero ser, ese que nadie quiere ver, pero sin el que resultamos incomprensibles. Pero, como son pocos los allegados auténticos en la vida, aquellos que nosotros queremos que nos entiendan bien, en todo nuestro ser, cuando nos estamos sanando las postillas, podemos tantear con esa apariencia –lo que no acabamos de ser- que nos ayuda a sobrevivir.