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“Un trozo de mi corazón” la primera novela de Richard Ford ha sido, finalmente, mi equilibrada elección para celebrar Sant Jordi o el día del libro. Un autor que deambuló por los retorcidos caminos de la indecisión y, sintiéndose mermado por la dislexia, tuvo poca confianza en sus posibilidades reales como escritor. Hombre introducido tardíamente en la lectura, con excesiva lentitud –según confiesa él mismo- ha demostrado que el don de la palabra se superpone a otros contratiempos, si el alma vibra de pasión por verbalizar y expresar casi sin decir nada, como siempre he tenido la abrumante sensación que hacía Ford. Su libro Canadá, me dejó unos días muda, sin reacción a la vista, hasta que esa manera tan distinta de entubarte a la realidad pudo ser digerida. Descubrí, o creí descubrir a alguien con un dolor humano resguardado que no estaba dispuesto a recrear a través de la ficción pero que se filtraba esa manera muda de escribir.

Desde entonces Ford, siempre ha sido para mí una apuesta segura ,cuando el gentío me ha pisado algo más que la sombra y solo deseo huir.