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Te recuerdo, no cabe alternativa. Y esa convicción con la que le asestabas a la ELA el desaire, con esa sonrisa –esa inolvidable sonrisa- de que, lo que le hacía a tu cuerpo, no te lo podía hacer a ti. Me abrumaba esa capacidad de autodominio y esa madurez sobrada ante tal acontecimiento.

Pienso en los tuyos y en cómo debe ser vivir sin ti. Personalmente, paseo por delante de tu portal en alguna ocasión, y se agudiza más el sentimiento de saber que se vive sin ti. No me pregunto dónde estás, esa cuestión hace años que la  abandoné.

Pero sí creo que te has quedado sellado a fuego en el corazón de muchos. Los más íntimos, los cercanos, los que te siguieron y eso debe ser lo más cercano a la inmortalidad que conocemos.

Creí cuando te conocí en el último curso del colegio que le sacarías partido a la vida, porque eras una persona con gran capacidad de empatizar con los demás. Pero no supe ver a quién tenía delante.

Ahora, te recuerdo, no hay alternativa, pero ese es tu regalo.