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La celebración del día del Trabajo debería seguir siendo una jornada reivindicativa de calado social, y no ese rito hueco con el que parecen cumplir hace años sindicatos y algunas fuerzas políticas.

De la misma manera que se llevan a cabo campañas para implicar a los ciudadanos en determinadas manifestaciones o posiciones políticas, debería, definiendo los  aspectos a reivindicar, estimularse por afectación de lo que se reclama la participación de la ciudadanía en una jornada que debidamente planteada podría ser multitudinaria.

Pero está visto, que poco interesa movilizar a la población bajo unas demandas que brotan de hecho de la sociedad misma y se deja pasar el primero de mayo como un día en que el Trabajo, sin más concreción debería ser el lema motivador para la presencia de ciudadanos.

Parece ser que sin excesiva publicidad y atendiendo a las últimas negociaciones entre gobierno y sindicatos, los puntos a reivindicar será una subida de sueldos generalizada y la renta mínima garantizada. De por sí, ambas propuestas pueden resultar irrisorias si no se consigue una subida semejante a la pérdida de poder adquisitivo –tras las bajadas de salarios- producida por la crisis, y si esa renta mínima, no garantiza cubrir los mínimos de subsistencia, porque lo mínimo puede ser muy ínfimo.

Recordemos que también se decía que a los jubilados se les mantenía la subida de pensiones, y sí era cierto. Pero, revisabas casos concretos y era más un gesto de humillación que un derecho social.

Si los sindicatos quieren recobrar la credibilidad perdida, tienen en jornadas como el primero de mayo una ocasión que debe responder a una auténtica política de defensa de los trabajadores. Sin perder de vista la situación económica del país, pero no admitiendo nunca más que estos sean los miserables que vuelvan apagar los errores, los desfalcos y las corruptelas de otros.