Mientras escaseen las noches para dormir la existencia, y sobren los días para reincidir en el monótono argumento que nos permite, de la luz, volver a la oscuridad de la inconsciencia bendita, nada de cuanto hagamos alargará las noches y decrecerá los días; o por el contrario, tampoco surgirá un gesto único que venza el
Mes: mayo 2017
Aristóteles decía que la virtud se halla en el justo medio entre los extremos, que por exceso o defecto son vicios. Ese justo medio se adquiría forjando el carácter, con el hábito de actuar justa y moralmente. Como muchos recordaremos, pues, el hombre bueno es el que sabe qué es el bien y lo hace,
El miedo al ridículo es el pavor más básico que expresa la inseguridad de no ser aceptado por no cubrir las expectativas del entorno. Se concreta es aspectos tan sencillos como no andar bien, no tener el tono de voz adecuado, parecer feo, no ser simpático o serlo en exceso, mostrarse tímido y no acertar
Ante la tragedia, la irónica elevación de lo dramático genera la posibilidad de codearse con lo inconcebible.
El vínculo político es siempre un interés a negociar, que se ajusta más a un pacto o contrato. La ingenuidad hizo al hombre creer que un poder concentrado y consentido respetaría ningún acuerdo, más que las propias ansias explícitas o solapadas de dominio y manipulación de los individuos, que huidos de la naturaleza sin ley
Una mujer septuagenaria se me acerca con una medio sonrisa vibrante, muy bien esa camiseta solidaria[1], como su tono de voz mientras palpita las palabras, hay una pobre mujer cada mañana en una esquina y siempre le digo cuánto siento que tengas que estar aquí, qué sociedad más injusta, es terrible, y ya no lagrimea
Ojeando lo noticiable, desmenuzo el significado del término noticia y recurriendo a la RAE extraigo, en su primera acepción, información sobre algo que se considera interesante divulgar. Aquí, entran en juego la multiplicidad de sucesos ocurridos durante el período de tiempo del que se debe informar, y el criterio bajo el que un acontecimiento se
Si relegamos el rostro ajeno, sucumbimos a perpetuidad a perder el propio ante el espejo, porque aquel que no se reconoce en el otro no puede hacerlo en un otro especular. Y es que, tal vez quepa decir, el rostro no es la apariencia física –sería la cara- que parece diferenciarnos, sino la expresión del
Entre perder, y encontrarse perdido -curiosa paradoja- la diferencia es de acción y sinsentido –hallarse cuando el quid es no hallarse-
Desvivirse sería estrictamente retroceder a etapas anteriores de la vida. En rigor, no podemos más que intensificar el desgaste vital y vivirnos más de lo apropiado. Pero tampoco la híper-vida garantiza lo incierto que andamos anhelando. Ya no hay dilema hamletiano, porque ambas opciones tienen la misma respuesta.