Se ha extendido por doquier una crispación que no nos pertenece, que no se gestó del trato con lo ajeno, ya que por el contrario convivieron años elaborando una comprensión que acabó difuminando la otredad por motivos de origen. Los catalanes que vivían y convivían dialogaban y se respetaban incluso difiriendo en cuestiones políticas.
Hay una alteración con dosis agresivas que no es nuestra, que han inoculado en nuestro ánimo los políticos desde un radicalismo, para mí, altamente sospechoso.
