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La elegancia no  es una virtud porque, en ocasiones, su aparecer es impostura. Una virtud debe serlo incondicionalmente ya que si existe cualquier resquicio de duda sobre su conveniencia es porque, posiblemente, estemos dirimiendo en torno a sucedáneos o espejismos. Ser justo, solidario, honesto siempre es ser virtuoso y ninguna coyuntura puede quebrar nuestra convicción sobre ello.