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Si reclamara olas suavemente acaecidas de silencio, tan solo rogaría sosiego y descanso, nunca la marcha de nadie que se halla en su propio lugar. Los humanos, tan ignorantes, debemos aprehender el misterio de conjugar la soledad ineludible y acompañar a los que amamos. Resulta aparentemente una contradicción, ese es justamente el misterio que se nos resiste: Asumir la propia soledad en el vínculo estrecho de los que amamos.