Filosofía una forma de vida

Los que concebimos la Filosofía como una forma de vida no podemos desapegarnos de esa actitud interrogativa que enerva a los que, siendo algo solidarios, creen acallar su conciencia. Y es que el filósofo –al que nos referimos- padece la culpa universal que le ha troceado la conciencia. Acaso sea esta carga la que le induce a mostrar el aspecto crudo en abundancia de la existencia; no como gesto expiatorio sino como último acto de decencia, que no de verdad. Sea cual sea el grado de verosimilitud que se halla en sus palabras, lo mostrado continua siendo atroz y cruel. Se puede, como bien sabemos, matar  o morirnos de risa oyendo al mensajero, pero eso no es argumento que esgrima nada en relación al mensaje, seguramente simple postureo.

Ahora bien, la forma de vida que deriva del ser filósofo no solo consiste en ser  la conciencia inquieta e incómoda de su entorno, sino en vivir coherentemente. No se puede ser un nihilista teórico y llevar una vida “feliz”, en el sentido ordinario del término, y me temo que no haya otro.

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