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El Amor Fati  nietzscheano es sospechoso –todos somos objeto de sospecha- de  apostar por humanos que no solo asumen lo necesario y lo afrontan sosteniendo el dolor, aunque de ese instante se produjese un eterno retorno, sino que aman ese destino. Y esto no es más que síntoma de la fortaleza de su voluntad de poder.  Y decía que es turbio porque, podríamos pensar, que tenemos individuos que se someten al acontecer, como si no dependiera en absoluto de ellos, pero con una diferencia, ahora están jodidos pero contentos. Y ésta sumisión en alguien que ha pretendido explosionar desde sus raíces la cultura occidental, es algo de repente misterioso. A no ser que en sus pensamientos últimos haya mucho de biográfico oculto.