De Parménides al vacío

 

“Solo podemos pensar el ser, el no-ser no puede ser pensado, ni conocido” rezaba Parménides con una lógica aplastante. Aunque no se apercibió tal vez que en el momento en que formulo lingüísticamente la imposibilidad de pensar el no-ser, estoy pensándolo, que no conociéndolo, por supuesto. Pero este descuido abre la vía de navegar por el no-ser, la nada, no eso que hoy denominamos el vacío existencial –no en un sentido físico- pero sí en un “algo” que de ser despreciado deviene con los siglos en uno de los grandes problemas metafísico-existenciales.

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