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Qué trágica y vívida experiencia la de quien tiene el pecho asfixiado por un peso inmensurable. Se siente y resiente, sin tregua, en una coyuntura que lo anula e impide. Respira forzadamente, mientras la angustia clama para que sea subsanada la vacuidad del alma. Pero el eco de cada espiración retorna un silencio desesperante que anuncia la soledad irreparable. Será, como aseveró Heidegger, que la angustia es la constatación de la nada, y nada puede hacerse contra ella, porque no es, o es nada.